Desde los icónicos carros japoneses hasta los doramas, pasando por la música de bandas como BTS o Stray Kids (aunque coreanas), es innegable que en México existe una comunidad creciente de apasionados por la cultura del extremo Oriente. Somos muchos los que, como yo, nos consideramos orgullosos #JapanLovers en México, y encontramos en esta fascinación una forma de conexión con una cultura lejana, pero cada vez más presente en nuestra vida cotidiana.
Gracias a plataformas como Netflix o Crunchyroll, los doramas, animes y películas japonesas han dejado de ser contenido exclusivo para fanáticos de nicho. Hoy están al alcance de todos. Lo mismo sucede con la música: Spotify ha abierto la puerta a artistas japoneses que, aunque no canten en español o inglés, logran tocarnos con sus letras y estilos únicos.
Es un hecho: el entretenimiento asiático —especialmente el japonés— ha encontrado en América Latina un terreno fértil y apasionado. Y aunque el fenómeno coreano ha tenido un gran impulso global, el amor por Japón se mantiene firme, creciendo día con día.
Hoy quiero centrarme en ese grupo al que pertenezco: los que amamos la cultura japonesa. Aquellos que encontramos en la comida, el arte, el cine, la moda o incluso el idioma japonés una forma de admirar y vivir Japón sin necesidad de cruzar el océano. Desde eventos culturales, festivales temáticos, restaurantes auténticos o tiendas especializadas, México ofrece múltiples espacios para rendir tributo a esta cultura que tanto nos inspira.
Ser #JapanLovers en México no es solo una moda: es una forma de vida, una manera de explorar el mundo desde nuestra propia tierra.
¿Apropiación O Apreciación de Cultura?
La importancia de reconocer y respetar lo que admiramos.
Siempre he pensado que el mundo sería un lugar mejor si no existieran fronteras, si pudiéramos movernos libremente y abrazar cada rincón de este hermoso planeta. Sin embargo, también entiendo las complejidades sociales, económicas y culturales que esto implicaría. La gentrificación, por ejemplo, nos muestra lo problemático que puede ser el arribo masivo a espacios que no están preparados para sostener tal impacto.
Cuando hablamos de adoptar elementos de otras culturas —ya sea en la moda, los rituales, el arte o el lenguaje— es común encontrarse con el debate entre apropiación cultural y apreciación de cultura. Y aunque la línea entre ambas puede parecer difusa, creo que hay una diferencia clave que muchas veces pasamos por alto: el reconocimiento del origen.
Para mí, el verdadero problema surge cuando se toma inspiración de una cultura sin mencionar su procedencia, sin dar crédito, sin contexto. Admirar una cultura es válido —y hermoso—, pero si realmente sentimos aprecio por ella, también debemos interesarnos por su historia, sus luchas, sus significados más profundos.Cuando rendimos tributo a otra cultura, es fundamental hablar del “por qué” y el “de dónde” de aquello que usamos o representamos. De esta forma no solo evitamos la apropiación, sino que también contribuimos al conocimiento, al respeto y al intercambio cultural genuino. Esa es la verdadera apreciación de cultura: una que enriquece, honra y educa.

Guadalajara Y la Sociedad Japonesa
Una historia de integración y legado cultural
La presencia de la sociedad japonesa en Guadalajara se remonta a finales del siglo XIX y se consolidó a partir del año 1900. Entre 1910 y 1930, comenzaron a establecerse como comunidad, abriendo pequeños negocios como tiendas, lavanderías y restaurantes. Siempre he admirado profundamente a quienes dejan atrás su país de origen para empezar de nuevo en tierras desconocidas, y más aún a quienes emprenden en contextos culturales completamente distintos. ¡Eso es verdadera valentía!
En Guadalajara, la sociedad japonesa ha echado raíces en colonias como La Americana, Santa Tere, Obrera y San Juan de Dios, zonas estratégicas por su vocación comercial. Otros miembros de esta comunidad residen en áreas industriales como El Álamo, Tlaquepaque, Tlajomulco o El Salto, donde se concentran diversas empresas japonesas que han llegado al estado en las últimas décadas.
Durante las primeras olas migratorias, la mayoría de los inmigrantes japoneses eran agricultores y artesanos. Hoy, en cambio, llegan empresarios, técnicos y profesionistas altamente calificados que siguen fortaleciendo los lazos entre México y Japón.
Aunque Guadalajara no cuenta con un barrio japonés formal, la huella de esta comunidad es evidente, especialmente en la oferta gastronómica. Restaurantes auténticos, ya sea fundados por japoneses o por mexicanos enamorados de su cultura, son un reflejo vivo del intercambio cultural que continúa evolucionando.La historia de la sociedad japonesa en Guadalajara no solo habla de migración, sino también de integración, colaboración y enriquecimiento mutuo.

Mexicanos Que Rinden Tributo a la Cultura Japonesa
Retomando el tema de la apreciación cultural, es inspirador ver cómo muchos mexicanos conectan profundamente con la cultura japonesa, no solo como consumidores, sino también como creadores. A través del arte, la moda o la gastronomía, adoptan elementos de esta cultura milenaria, respetando su origen y ayudando a difundir su riqueza. Pero más allá de la promoción, lo hacen porque disfrutan genuinamente lo que han aprendido y adoptado de Japón, encontrando en ello una forma de expresión personal.
Frilly Things Club: comunidad, moda y libertad inspiradas en la cultura japonesa
Un ejemplo de esto es Sara, integrante del Frilly Things Club, un grupo de mujeres que rinde tributo a la moda Lolita organizando eventos presenciales, compartiendo su estilo y fomentando una comunidad basada en el respeto y la pasión por esta estética. Más que una moda, para ellas es una forma de identidad, un espacio seguro donde pueden ser auténticas.
Sara reflexiona sobre el trasfondo de esta tendencia, especialmente en relación con el rol de la mujer en la sociedad japonesa:
“Pienso que es una cultura llena de estéticas hermosas, pero socialmente es muy dura y cerrada con las mujeres. Creo que por eso me gusta la moda Lolita, porque es una protesta a ese sistema que dicta cómo deben ser las mujeres. No estoy segura de si rendimos tributo como tal, pero ser Lolita sí crea un sentido de pertenencia con otras personas que aman esta moda. Creamos comunidades donde podemos usar lo que nos gusta y ser nosotras mismas. A su vez, las Lolitas son una subcultura que surge en Harajuku, aunque tiene muchas influencias europeas.”
Desde mi perspectiva, promover y visibilizar este tipo de grupos también es una forma de tributo. Aunque la moda Lolita no se originó en México, quienes la adoptan suelen reconocer y compartir su historia, su contexto y los referentes culturales que la hacen tan especial. En esa fusión nace algo nuevo: una expresión híbrida, auténtica y profundamente significativa para quienes la viven.
Florité: divulgando la cultura japonesa a través del arte del té verde
Antonia, co-fundadora de Florité, una empresa dedicada a promover distintas variedades de té, comparte su motivación para traer tés verdes japoneses a México. “Me interesaba mucho que los mexicanos conocieran el té verde japonés y sus variedades”, nos cuenta.
Ella explica que hay tés con notas a alga marina, otros con sabores más tostados, e incluso algunos que incluyen arroz inflado tostado. Confieso que esa última es una de mis favoritas: el Genmaicha. He escuchado que solía considerarse el “té de los pobres”, ya que para rendir el té, lo mezclaban con arroz tostado cuando no podían costear suficientes hojas. Su sabor es reconfortante y tiene una historia fascinante.
Antonia también resalta la filosofía de aprovechamiento total en la producción del té en Japón:
“Me gusta que no se desperdicia nada en la producción de té. Por ejemplo, los tallos del Sencha se utilizan para un tipo de té que es muy bajo en teína, ideal para adultos mayores y niños. Se llama Kukicha.”
Además, comparte lo que más la atrae de la cultura japonesa: su minimalismo, su estética y su dimensión espiritual. “El té no solo es una bebida”, añade, “también cumple un rol importante en la forma en que los japoneses viven y se relacionan con su entorno”.
Mekishico®: Inspiración entre México y Japón a través del diseño y la tradición
Como fundadora de Mekishico®, siempre he creído que México y Japón comparten más similitudes de las que imaginamos. En ambos países existe una calidez humana muy especial: gente amable, respetuosa y con un profundo sentido del honor. Recuerdo cómo, en el pasado, el buen nombre de los abuelos mexicanos bastaba para sellar una promesa sin necesidad de firmar nada. En Japón, ese valor aún se conserva a través de la disciplina y la responsabilidad cotidiana.
Pensé: “somos como ellos, solo que se nos olvidó poquito”. Esa reflexión me llevó a interesarme por las historias que nos cuentan desde pequeños para guiarnos, para ayudarnos a tomar decisiones correctas o a corregir el rumbo. Empecé a preguntarme: ¿desde cuándo existen estas narrativas?, ¿cómo se reflejan en la vida diaria en México y Japón?
Fue así como encontré el motor para crear. Comencé a investigar esas historias, explorar sus texturas, símbolos y personajes, tanto en la tradición mexicana como en la japonesa, y transformarlas en diseños que te cuentan algo.
A través de mi trabajo, busco reconocer los buenos hábitos y comportamientos de la cultura japonesa, al mismo tiempo que rescato las buenas costumbres que en México alguna vez fueron tan valiosas. Lo hago inspirándome en frases, texturas y elementos visuales que conectan a ambas culturas, con la esperanza de que, al recordarlas, podamos mejorar como sociedad.
Marugami: Mi amor por Japón, un viaje desde México a través del papel
Toca hablar del origami y una mujer mega apasionada por ello. Marusia, es una mexicana con nombre ruso y un proyecto de corazón japonés. Su conexión con Japón comenzó en un festival escolar. Ahí, por primera vez, vistió un kimono. Pero no fue la tela lo que la cautivó, sino el papel del que estaba hecho el paraguas. Desde ese momento, el papel y el craft japonés se convirtieron en una constante en su vida.
Más adelante, nos comenta Maru: “Mi padre me regaló un libro de papiroflexia. Era una edición española, pero inició mi curiosidad por el plegado. Ya como adulta, retomé esta práctica, esta vez con textos japoneses. Mis compañeros de universidad, quienes estudiaban matemáticas, usaban el origami para demostrar teorías geométricas, y así profundicé en este arte.”
Hoy, dirije Marugami, un estudio creativo que brinda soluciones de diseño basadas en el origami y la geometría. Para ella, el papel es mucho más que un material. “Es un pedacito de Japón”, es especial y único porque viene de los árboles, de la tierra. Lo asocio con algo muy arraigado a Japón.”- Me comentó Marusia aka Marugami.
Marugami es su ventana personal al mundo del craft japonés. Se enfocan en la magia del origami y otras prácticas que celebran la tradición y la creatividad como el Furoshiki y Kirigami. A través de ese proyecto, comparte una parte de su pasión y busca que otros descubran la belleza de esta disciplina.
Me gusta cerrar con una de las frases de Akira Yoshizawa, el creador del origami moderno: “Cuando pliegas, el ritual y el acto de la creación es más importante que el resultado final. Cuando las manos están ocupadas, el corazón está en paz.” Esta frase resume lo que el origami y el papel significan para mí y para Marugami. – Marusia
Por cierto, ¿ya vieron la colaboración que estamos haciendo con joyería artesanal con origami?

El legado familiar de USAGUI: el sabor japonés que Guadalajara merecía conocer
Ahora veamos el otro lado de la moneda: los japoneses que llegaron a México para compartir sus sabores con nosotros. Recuerdo que, en mis años universitarios, un amigo japonés muy especial que vivía en Guadalajara —al saber de mi pasión por la cultura asiática— me recomendó los lugares que, según él, eran 100% auténticos. Así fue como, en los años 90, conocí USAGUI.
La curiosidad me llevó a preguntar desde cuándo estaban en la ciudad y cuál era la historia detrás de ese restaurante tan singular. Esto fue lo que me compartió Mizuki, integrante de este ya muy querido lugar entre los tapatíos:
Mi padre proviene de una familia de restauranteros. Desde mi bisabuela, que tuvo su propio restaurante en Japón, hasta mi padre, que ahora dirige el suyo en México. Su primer viaje a México fue en 1997, cuando llegó a Zacatecas. Después recorrió varios estados del país, pero la ciudad que realmente le robó el corazón fue Guadalajara.
Tras regresar a Japón por un año, volvió a Guadalajara al darse cuenta de que había una oportunidad para abrir un restaurante japonés de comida rápida. Así, en octubre de 1999, nació USAGUI.
Los sabores que ofrecíamos eran diferentes a los que había en ese entonces en la propuesta gastronómica de Guadalajara. Queríamos compartir nuestras recetas familiares con México, sabiendo que a la gente le encantarían, y también pensando en la comunidad japonesa que vivía aquí en ese tiempo.
Con los años, el negocio creció y se transformó: pasó de ser un restaurante de comida rápida a convertirse en un lugar más casual, con una identidad propia y fiel a nuestras raíces.

Billy Calavera: tatuajes con alma japonesa
Y para cerrar este recorrido por el mundo de los Japan Lovers en México, no podíamos dejar fuera una de las expresiones más impactantes de la cultura japonesa: los tatuajes. En Japón, los diseños que cubren toda la espalda no solo impresionan por su estética, sino también por el simbolismo profundo que encierran.
En mi búsqueda por este arte, conecté con Billy Calavera, un talentoso tatuador mexicano cuya obra está fuertemente influenciada por la cultura japonesa. Si estás pensando en tatuarte algo con este estilo, definitivamente deberías conocer su trabajo.
Billy me compartió su visión y el proceso que sigue para honrar esta tradición, no solo como artista, sino también como puente entre culturas. Esto fue lo que me dijo:
“Me identifico con esta parte monolítica de la cultura donde se mantiene la disciplina y la espiritualidad en el trabajo diario con respeto y amor y también con el submundo que esconden las ciudades y los pueblos ese lado oscuro que no es muy palpable a simple vista.
Mi trabajo está basado en los estudios diarios sobre la cultura japonesa en general como sus raíces en el budismo, sintoísmo, la cosmovisión oriental y del Medio Oriente, con lo cual busco que mis clientes y las personas con las que trabajo estén informadas y se mantengan interesadas en los conceptos, las costumbres y simbolismos propios de la cultura.”

#JapanLovers amamos lo que nos inspira
No quiero romantizar la inmigración a nuestro país. Solo quienes la viven conocen realmente los desafíos y decisiones que implica dejar atrás su tierra. Tampoco olvido mis propias raíces, pero creo firmemente que tenemos todo el derecho de enamorarnos de otras culturas.
Al final del día, se trata de personas y de las formas en que expresamos lo que nos inspira, lo que nos mueve y cómo buscamos crecer. Mi invitación es simple: celebremos lo que amamos, pero siempre desde el respeto, la admiración y el deseo de aprender.
¿Tú qué opinas sobre este tema? ¿Ya conocías alguno de los proyectos que mencioné? Me encantaría leerte en los comentarios.
Matta ne | Nos vemos!